ACTIVIDADES EXTRAESCOLARES: ¿SI O NO?

Inglés, informática, música, ballet, deporte, teatro, natación, música… una vez finalizado el horario escolar, la mayoría de estudiantes valencianos se ven inmersos en un ajetreado programa de actividades que complementan su formación y que les llevan de aquí para allá, de academias a clases particulares o centros deportivos.
Los estudios cifran entre 20 y 35 euros mensuales, la cantidad que los padres destinan a las actividades extra-escolares de cada hijo y ya es difícil encontrar a algún niño que no tenga varias horas semanales ocupadas en clases o deportes, a las que hay que sumar las que organizan los propios centros.
De esta forma, el desembolso al que deben hacerlos padres se dispara, si se tiene encuenta el gasto de material necesario para realizar estas actividades. Así, mientras que el teatro, los juegos o los idiomas son los que requieren menor material, ya que se limita a la compra de algún cuaderno o libro. En las actividades deportivas, la música o las clases de ballet, la cosa se complica, ya que obliga a la compra de zapatillas, bañadores, mallots, kimonos…
 
Los pedagogos destacan las ventajas que tienen las actividades extra-escolares, que se convierten en un complemento de la formación y una forma divertida de pasar unas horas en compañía de otros compañeros, como es el caso de las actividades deportivas; pero también alertan de los problemas y transtornos que esto puede causar en los escolares.
A este respecto, ponen el dedo en la llaga y advierten que en muchas ocasiones los pequeños son «víctimas» de una sobresaturación de clases que en muchas ocasiones suponen una continuidad del colegio.
Así, al terminar el horario lectivo, los niños se encuentran con nuevas clases, de repaso, de inglés, de informática, de ballet, de piano o de teatro… que poco a poco les van cubriendo todos los huecos que les quedan libres.
De esta forma, los especialistas destacan que en ocasiones no les queda margen para algo tan importante como jugar, estar con sus amigos o con su familia.
 
Y es que las actividades extraescolares han ganado peso dentro del horario de los estudiantes. A las actividades y talleres que organizan los propios centros educativos para llenar las «horas muertas» entre clases, se suman las que una vez fuera del colegio, los padres apuntan a sus hijos para completar sus estudios.
La mayoría de actividades que se organizan en el propio centro están subvencionadas. Además, entre estas actividades destacan las que se están empezando a implantar en los centros educativos con el fin de conciliar la vida escolar de los alumnos con el horario laboral de los padres.
Se trata de actividades que se organizan en las franjas horarias de siete a nueve de la mañana y de cinco a ocho de la tarde, horas que muchos padres están aún trabajando y no saben que hacer con los niños. La Generalitat concede subvenciones a los colegios para desarrollar estos programas extraescolares que cada vez son solicitados por más colegios.
Por otra parte, los motivos que llevan a los padres a apuntar a sus hijos a estas actividades, van desde complementar su formación, -en la que se incluye clases de idiomas o de ordenadores-, hasta ocupar las horas libres de los niños, pasando por matricular a los pequeños en las actividades que realmente les hacen ilusión a ellos o que les hubiera gustado estudiar.
A este respecto, la pedagoga valenciana Mar Sánchez destaca que los niños «deben de asistir a las actividades con ilusión, porque les guste e interese, pero nunca por obligación de los padres».
Para ello, es necesario que la elección sobre en qué actividad se matriculan cuente con su opinión y no sea una decisión unilateral de los progenitores. «A veces, según señala la experta, la ilusión por estas actividades es de los padres, no del niño», y si el menor no va a gusto acabará fracasando o abandonando en cuanto le den oportunidad.
 
Otro asunto en el que inciden los pedagogos y psicólogos infantiles es que «cuando se exige demasiado a los hijos puede ser perjudicial», por ello es importante no programar en exceso, establecer prioridades y dejarle tiempo libre para jugar.
En el caso de niños más mayores la acumulación de actividades extraescolares puede quitar tiempo real de estudio o cuando por fin se siente ante los libros, esté tan cansado que no rinden.
Por ello, «hay que fomentarle aficiones y hobbies, pero ha de ser algo que resulte grato y motivador, pero que no le canse ni le reste tiempo para estudiar. Se trata de realizar las actividades a medida que el niño crece, para que se quede únicamente con lo que sea verdaderamente su afición, o bien dejarlo para fines de semana o para cuando tenga más tiempo libre».
 
En este sentido, los propios niños denuncian que pasan muchas horas ocupadas en mil actividades extraescolares, «de aquí para allá, en un frenético afán de pasar el tiempo mientras sus progenitores están trabajando, pero se sienten solos y piden más tiempo para compartirlo con sus padres».
 
Fuente: ABC
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Publicado el 13 diciembre 2011 en General y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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