ALUMNOS CONFLICTIVOS

Para Carlos Ladrón de Guevara un ambiente familiar socioculturalmente deficitario puede ocasionar en el alumno consecuencias negativas para el rendimiento, como disminución de la motivación del logro, asimilación de modelos de conducta defectuosos, inadecuación entre los códigos de la escuela y el individuo, falta de autocontrol en el trabajo y dificultades en el lenguaje y la lectura.
Pero donde el fracaso escolar presenta su verdadero rostro es en la etapa Secundaria, según demuestra el informe Sistema Estatal de Indicadores de la Educación 2000, también elaborado por el INCE. Esta iniciativa del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte pretende proporcionar información sobre la situación general de la enseñanza, estableciendo un conjunto de índices estadísticos significativos que aporten datos sobre la calidad del sistema educativo y sus componentes. Y de este primer informe ya se desprende que un 25 por ciento de los alumnos entre 14 y 16 años abandona los estudios o no obtiene el título de graduado en la ESO y que el 40 por ciento de los estudiantes de 15 años está en cursos inferiores a los que les corresponden de acuerdo con su edad. Es decir, los alumnos de menor rendimiento escolar se van acumulando en los primeros años de la ESO, desnivelando poco a poco el denominado índice de idoneidad (porcentaje de escolares que estudian el curso que les corresponde según su edad). De esta forma, si a los 8 años la tasa de idoneidad es del 98 por ciento, a los 14 ya se ha reducido al 71 por ciento.

 
     

A juicio de los expertos, en una etapa crucial para la formación de la persona como es el ciclo 12-16 años, habría que diseñar un sistema cuyos objetivos mínimos puedan ser alcanzados por la gran mayoría. Aunque también señalan las dificultades. Y es que, a diferencia de hace unos años, los profesores –especialmente los de la enseñanza pública– se enfrentan ahora a una nueva realidad: sus clases han dejado de ser homogéneas para dar paso a alumnos con necesidades educativas especiales, minorías étnicas, inmigrantes, discapacitados y las dificultades que se derivan de su integración en los centros, algo para lo que no siempre cuentan con los apoyos necesarios.

No obstante los verdaderos problemas que se generan en el medio escolar los suscitan los alumnos realmente conflictivos, muchos de los cuales acaban en los centros públicos al no ser admitidos en los centros concertados y mucho menos en los privados. Se trata de jóvenes cuyo comportamiento podría resumirse así: desmotivados, sin interés por cualquier forma de aprendizaje, socialmente desintegrados, muchas veces agresivos y, casi siempre, obligados por sus familias o por el propio sistema a permanecer en los institutos. “La incapacidad que muestran cierto tipo de jóvenes por cumplir con los requerimientos de aprendizaje a partir de una determinada edad, por una falta de preparación de hábitos en la familia o en la escuela, hace que muchos de ellos piensen que no valen para estudiar y terminen abandonando los estudios a los 11 o 12 años”, señala el sociólogo Pedro Casas en referencia a una investigación sobre el fracaso escolar. En las zonas más desfavorecidas este fenómeno conduce a muchos por la senda de la marginación, la delincuencia o la droga, “puesto que a la carencia de una adecuada formación, se añaden el rechazo a las instituciones y una falta de bagaje de relaciones humanas en las que poder apoyarse”.

Según Pedro Casas, se debe prestar especial atención a determinados centros “para evitar que se conviertan en guetos de marginación”, y atender a medidas como la disminución de la ratio, la elaboración de proyectos curriculares específicos, con el apoyo institucional y la formación adecuada, y la intervención directa de los Servicios Sociales en los centros, que permita abordar el contexto social y familiar de los alumnos.
El profesorado juega un papel protagonista en cualquier cruzada contra el fracaso y abandono escolares. El coordinador del estudio de la FME, Álvaro Marchesi, ex secretario de Estado de Educación, considera que el hecho de que los alumnos sean cada vez más heterogéneos por la presencia en las aulas de escolares de diferentes culturas, clases sociales, capacidades y motivación, hace mucho más difícil la tarea de enseñar. “El esfuerzo del profesor –apunta– es mucho mayor que en el pasado, por ello es imprescindible fortalecer su trabajo e impulsar iniciativas en tres ámbitos principales: su formación, sus condiciones de trabajo y su desarrollo profesional”.

Fuente: MUFACE Educación.

Publicado el 21 octubre 2010 en General. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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